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jueves, 29 de diciembre de 2016

EL ÁGUILA PESCADORA (Pandion haliaetus), EN UN EMBALSE DEL SUROESTE DE BADAJOZ.

 Águila pescadora. Foto: Sebastián Molano


                  La primera anotación que tengo en mis cuadernos de campo, sobre el Águila pescadora (P. haliaetus), en el embalse de Valuengo, Jerez de los Caballeros.  Es del día 25 de septiembre del año 1991. Faltaban tres minutos para que el reloj marcara las cuatro y media de la tarde y el águila estaba posada en un poste de madera, al lado del camino que bordea el embalse. De nuevo a las cinco y cuarto, la observo planeando a gran altura sobre el pantano. A partir de ese momento decidí que tenía que saber, qué hacía, y qué comía esta rapaz en este embalse. Y así, aunque con algunas interrupciones,  y muchas horas de observaciones, la observé cada temporada hasta el año 1998. Y de aquellas observaciones nacieron unas notas que aparecieron en el número 166 de la revista Quercus, página 38, del año 1999. Se tituló “Dieta del águila pescadora en un embalse extremeño”. Ahora recupero esas observaciones para mi blog.
 A lo largo de aquellas observaciones aprendí, que el águila  era fiel a sus posaderos, y aquello me permitió recoger bajo esos posaderos, los restos que el ave desechaba o simplemente se le caían al comer los peces; esos restos eran dientes faríngeos, radios espinosos y aletas. Estos despojos fueron analizados por el biólogo Alfonso J. Rodríguez Jiménez, por mediación de mi amigo Juan José Ferrero Cantisán. Aquellos análisis dieron como resultado la cifra de cuarenta y dos presas, de las que treinta y cinco pertenecían a barbos gitanos (Barbus sclateri), cuatro carpas (Cyprinus carpio), dos bogas de río (Chondrostoma polylepis) y por ultimo un barbo sin identificar. Todas estas presas las capturó el ave en época otoño-invernal, pues fue la época en la que se hicieron las observaciones, concretamente entre los meses de septiembre y diciembre. En diciembre de 1992 y en septiembre de 1998, observé dos águilas pescadoras juntas, el resto de las observaciones fueron de un solo ejemplar.

POSADEROS

  El ave utilizó en aquellos años, hasta cinco posaderos diferentes. Los eucaliptos de la orilla del pantano los utilizó en el 46% de las veces, también se posaba, el ave, en dos torretas de alta tensión situadas a dos kilómetros hacia el norte del embalse, en un 22% de ocasiones. En los postes telefónicos de madera que rodeaban la margen izquierda del embalse, se posó  el 17% de las veces. Pero la pescadora también se posó en el suelo en el 9% de ocasiones y el 2% en rocas de la orilla del agua. Y en el 4%  se posó en un muro de rocas, cercano también al agua.

ACTIVIDAD

 En lo que a la actividad que llevaba a cabo la pescadora, durante el día, se refiere, hay que decir que el 32,8% de las veces la observé en vuelo. Posada y acicalándose el plumaje el 31,3%, comiendo pasó el 13,7% del tiempo; pescando, actividad que me hacía pasar momentos indescriptibles, paso el 11,5% y oteando desde algún posadero de los descritos anteriormente, estuvo el 10,7% del tiempo.

RELACIONES INTERESPECÍFICAS

  En cuanto a las relaciones que otras aves, mantuvieron con el águila pescadora, cabe destacar los acosos de  que fue objeto en vuelo, por parte de milano negro, cuervo o gaviota reidora. En posadero cuando permanecía cerca de los dormideros de cormorán grande, también fue atacada en alguna ocasión, por estas aves, pero en este caso la pescadora se defendía.
  El cleptoparasitismo lo pude observar en una ocasión, cuando una garza real, consiguió que el águila pescadora soltara el pez que había capturado, una vez que se encontraba posada en el suelo y se lo arrebató allí mismo.

La fotografía del Águila pescadora que ilustra este artículo, es propiedad de Sebastián Molano, al que agradezco que me haya permitido su uso para ilustrar esta entrada.



 


Embalse de Valuengo. Jerez de los Caballeros. Foto. J.C. Delgado