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martes, 14 de marzo de 2017

LOS ESCASÍSIMOS PALMITOS DE LA PROVINCIA DE BADAJOZ.

Palmito del río Ardila

La presencia del palmito en la provincia de Badajoz es meramente testimonial, con dos ejemplares aislados en el término municipal de Monesterio y uno solo en el de Jerez de los Caballeros. Los tres medran sin problemas y no es descartable que aparezca alguno más, aunque sorprende que las citas sean  tan exiguas.

  El palmito (Chamaerops humilis) es una pequeña palmera arbustiva cuyo nombre científico hace referencia precisamente a su escaso porte. La palabra chamaï procede del griego y significa “bajo”, mientras que rops equivale a “arbusto”. El específico humilis es voz latina y también alude a su pequeñez, a su humildad. En efecto, el palmito muy rara vez supera los dos metros de altura y en Extremadura se considera un ejemplo de intrusión de la flora bética termófila. En términos generales, la especie ocupa de manera natural la zona más cálida de la cuenca mediterránea, entre Europa y África. Es frecuente en la costa norte de Marruecos e incluso podemos encontrarla por encima de los 1.000 metros de altura, en el Gran Atlas. Tampoco falta en Argelia y Túnez.
  En Europa ocupa la cuenca mediterránea occidental y España es sin duda el país donde más abunda, sobre todo hacia el sur y hacia el este, incluidas las Islas Baleares. En Portugal solamente está presente en su región más sureña, el Algarve, donde cuenta con una pequeña población. También se encuentra en las islas italianas de Cerdeña y Sicilia.

  EL PALMITO SOLITARIO DEL RÍO ARDILA

  M. Ladero cita al palmito en el término municipal de Jerez de los Caballeros, al suroeste de la provincia de Badajos, en 1977 y a orillas del río Ardila (1). He comprobado que se trata de un único ejemplar que crece entra rocas, en el cauce del mismo río, y alcanza una altura de 130 centímetros. Tiene un solo tronco principal rodeado de numerosos hijuelos que dan a la planta un aspecto compacto. Este palmito está rodeado de adelfas, torviscos y rosales silvestres. El estrato arbóreo del Ardila está formado en esta zona por chopos, fresnos, sauces y eucaliptos.
  En el Catálogo regional de especies amenazadas de Extremadura el palmito está catalogado como “Vulnerable”. Además, dentro del programa de cooperación transfronteriza entre España y Portugal para luchar contra las especies invasoras en las cuencas de los ríos Tajo y Guadiana (Proyecto LIFE+INVASED 2017-2013) se planificaron algunas actuaciones encaminadas a recuperar  el hábitat natural del palmito. Por ejemplo, estaba previsto eliminar especies exóticas e invasoras de su hábitat potencial, algo que nunca se llevó a cabo. También se intentó reforzar la población de palmitos pero, como he podido comprobar sobre el terreno, esa actuación sirvió de bien poco, ya que se han perdido todos los ejemplares plantados en los alrededores. Tampoco se percibe por ningún lado la anunciada recuperación de su hábitat. La inversión fue de 33.082`82 euros, 24.811´67 de los cuales fueron financiados por la Unión Europea a través de los fondos FEDER.

DOS PALMITOS AISLADOS EN MONESTERIO

Más al sur de la provincia de Badajoz, en el término municipal de Monesterio, pueden observarse otros dos ejemplares aislados de palmito. Uno de ellos se encuentra a pocos metros de la margen izquierda del arroyo del Culebrín, en el interior de una finca privada, cuyo propietario lo recuerda allí desde siempre. Este ejemplar crece entre retamas y protegido por una pequeña malla cinegética para que el ganado no pueda dañarlo. Durante años aguantó el envite de las vacas, que lo utilizaba sobre todo para rascarse, como me comunicó el dueño. Este palmito forma una macolla  de tres troncos principales rodeado, como es común en la especie, de numerosos hijuelos. Su altura total es de 170 centímetros.
  El segundo ejemplar se encuentra a unos cuatro kilómetros en línea recta del anterior, más hacia el norte, en la ladera meridional de una sierra donde crece entre rocas de pizarra. Está rodeado de chaparras de encina, retamas, tojos, esparragueras, matagallos y torviscos. Mide unos 150 centímetros de altura, tiene buena presencia y su porte es muy tupido.
  No puede descartarse que aparezca algún ejemplar más de palmito en la provincia de Badajoz, especialmente en su mitad sur, donde habitan los ya citados anteriormente. De hecho, merecería la pena que se prospectara a fondo para inventariar otros posibles ejemplares y determinar su sexo. Ahora bien, la presencia  testimonial de la especie indica que debe de protegerse de manera más concienzuda y exhaustiva. La Junta de Extremadura recomienda  el estudio de los factores que pudieran modificar el estatus de conservación de esta especie (2) y también apunta la necesidad de obtener material de los palmitos extremeños con destino al banco de germoplasma.
  En cuanto a las poblaciones naturales más cercanas, se encontrarían en las vecinas provincias de Huelva, Sevilla y Córdoba. El palmito del río Ardila quedaría más cerca de Huelva, mientras que los de Monesterio estarían más próximos a Sevilla. También es posible que haya alguna población más en el sureste de Portugal.


BIBLIOGRAFÍA
(1) Ladero, M. (1977). Notas sobre la vegetación de Extremadura (España). Acta Botánica Malacitana, 3: 169-174.
(2)  Fuente: www.extremambiente.es


Publicado originalmente en el Cuaderno 372 Quercus. Febrero 2017.Pág. 58-60.
www.revistaquercus.es




Palmito del río Ardila
Palmito 1, en una ladera de sierra, Monesterio

Palmito 2, rodeado con una malla metálica para protegerlo del ganado. Monesterio.



jueves, 29 de diciembre de 2016

EL ÁGUILA PESCADORA (Pandion haliaetus), EN UN EMBALSE DEL SUROESTE DE BADAJOZ.

 Águila pescadora. Foto: Sebastián Molano


                  La primera anotación que tengo en mis cuadernos de campo, sobre el Águila pescadora (P. haliaetus), en el embalse de Valuengo, Jerez de los Caballeros.  Es del día 25 de septiembre del año 1991. Faltaban tres minutos para que el reloj marcara las cuatro y media de la tarde y el águila estaba posada en un poste de madera, al lado del camino que bordea el embalse. De nuevo a las cinco y cuarto, la observo planeando a gran altura sobre el pantano. A partir de ese momento decidí que tenía que saber, qué hacía, y qué comía esta rapaz en este embalse. Y así, aunque con algunas interrupciones,  y muchas horas de observaciones, la observé cada temporada hasta el año 1998. Y de aquellas observaciones nacieron unas notas que aparecieron en el número 166 de la revista Quercus, página 38, del año 1999. Se tituló “Dieta del águila pescadora en un embalse extremeño”. Ahora recupero esas observaciones para mi blog.
 A lo largo de aquellas observaciones aprendí, que el águila  era fiel a sus posaderos, y aquello me permitió recoger bajo esos posaderos, los restos que el ave desechaba o simplemente se le caían al comer los peces; esos restos eran dientes faríngeos, radios espinosos y aletas. Estos despojos fueron analizados por el biólogo Alfonso J. Rodríguez Jiménez, por mediación de mi amigo Juan José Ferrero Cantisán. Aquellos análisis dieron como resultado la cifra de cuarenta y dos presas, de las que treinta y cinco pertenecían a barbos gitanos (Barbus sclateri), cuatro carpas (Cyprinus carpio), dos bogas de río (Chondrostoma polylepis) y por ultimo un barbo sin identificar. Todas estas presas las capturó el ave en época otoño-invernal, pues fue la época en la que se hicieron las observaciones, concretamente entre los meses de septiembre y diciembre. En diciembre de 1992 y en septiembre de 1998, observé dos águilas pescadoras juntas, el resto de las observaciones fueron de un solo ejemplar.

POSADEROS

  El ave utilizó en aquellos años, hasta cinco posaderos diferentes. Los eucaliptos de la orilla del pantano los utilizó en el 46% de las veces, también se posaba, el ave, en dos torretas de alta tensión situadas a dos kilómetros hacia el norte del embalse, en un 22% de ocasiones. En los postes telefónicos de madera que rodeaban la margen izquierda del embalse, se posó  el 17% de las veces. Pero la pescadora también se posó en el suelo en el 9% de ocasiones y el 2% en rocas de la orilla del agua. Y en el 4%  se posó en un muro de rocas, cercano también al agua.

ACTIVIDAD

 En lo que a la actividad que llevaba a cabo la pescadora, durante el día, se refiere, hay que decir que el 32,8% de las veces la observé en vuelo. Posada y acicalándose el plumaje el 31,3%, comiendo pasó el 13,7% del tiempo; pescando, actividad que me hacía pasar momentos indescriptibles, paso el 11,5% y oteando desde algún posadero de los descritos anteriormente, estuvo el 10,7% del tiempo.

RELACIONES INTERESPECÍFICAS

  En cuanto a las relaciones que otras aves, mantuvieron con el águila pescadora, cabe destacar los acosos de  que fue objeto en vuelo, por parte de milano negro, cuervo o gaviota reidora. En posadero cuando permanecía cerca de los dormideros de cormorán grande, también fue atacada en alguna ocasión, por estas aves, pero en este caso la pescadora se defendía.
  El cleptoparasitismo lo pude observar en una ocasión, cuando una garza real, consiguió que el águila pescadora soltara el pez que había capturado, una vez que se encontraba posada en el suelo y se lo arrebató allí mismo.

La fotografía del Águila pescadora que ilustra este artículo, es propiedad de Sebastián Molano, al que agradezco que me haya permitido su uso para ilustrar esta entrada.



 


Embalse de Valuengo. Jerez de los Caballeros. Foto. J.C. Delgado

domingo, 20 de noviembre de 2016

NOGALES.( Extremadura) En su escudo siete hojas de nogal.

 Castillo de Nogales.


  Lo primero que llama la atención de este pueblo, es su castillo, construido hace ahora 558 años. Sobre la puerta de la torre del homenaje, existe una inscripción que da fe de ello:

“Esta fortaleza mando facer el noble caballero Lorenzo Suares de Figueroa, señor de la casa de Villalba y del consejo del rey nuestro señor, fijo del magnífico señor Gomez Suarez de Figueroa, del consejo del señor rey e mayordomo mayor de la señora reyna e nieto de los muy excelentes señores don Lorenzo Suarez de Figueroa, maestre de Santiago, e don Diego Hurtado de Mendoza, almirante de Castilla y señor de la Vega, e comenzose año del nascimiento de nuestro Salvador Christo del mil e qaatrocientos e oinquenta e ocho annos. Mandola facer aquí por su salud del pueblo a defensa de su tierra e de los moradores della”.

  Después de subir una pendiente, me encamino hacia el Ayuntamiento, mi intención es entrar en este coqueto castillo y subir a lo alto de la torre del homenaje, para ello necesito que me abran. Los funcionarios me dicen que el castillo está cerrado, pero inmediatamente una joven me atiende con amabilidad, me dice que la Alcaldesa está reunida y duda un momento si entrar para hacerle llegar mi petición, lo hace y al poco mi solicitud está resuelta. La única premisa es que alguno de los funcionarios tiene que acompañarme. Amablemente soy acompañado hasta la pequeña cancela que da paso a la torre del homenaje, y en eso que suena insistentemente el móvil de mi acompañante; atiende la llamada y después de explicarme donde encender y apagar las luces, se marcha, me entrega las llaves y me quedo como señor del castillo. Subo a lo más alto y a pesar de las altas nubes,la luz no es muy buena para fotos, empiezo a enfocar mi cámara, de norte a sur y de este a oeste. Las vistas son inmejorables: olivares, dehesas, viñas, y la planta de paneles solares de Torre de Miguel Sesmero, hacia la zona norte, que no es que sea especialmente vistosa desde el punto de vista paisajístico.

  El recinto del castillo está muy bien cuidado y limpio. Creo que a principios de los años noventa del pasado siglo veinte, se llevó a cabo su última restauración. Al lado  del castillo, a su izquierda, según se sale, está el cementerio municipal y la iglesia de San Cristóbal enfrente. Entre las tres edificaciones existe un pequeño llano de tierra donde hay un cañón a modo de ornamento al que le falta una rueda.

  Salgo ya del castillo y ando un poco por las empinadas calles de la población. En el año de 1792, ya se decía lo siguiente en el Interrogatorio de la Real Audiencia: “En este pueblo el estado de las calles se hallan con el aseo posible, son anchas y pendientes debido a su situación…”. Y es cierto lo de la pendiente de las calles y lo de su aseo también; dos señoras empleadas de la limpieza, con las que me cruzo, van dejando las calles muy limpias, mientras conversan de sus cosas sin dejar de barrer. Una buganvilla de vistosos colores de desparrama desde el patio de una casa cercana a la iglesia, hacia la calle. Una nota de color más en estas calles.

  De nuevo entro en el Ayuntamiento, quiero entregar las llaves del castillo y agradecer, personalmente a su máximo representante, la amabilidad que han tenido conmigo. Ahora si me puede atender su edil; así que después de llamar a la puerta me indica que pase. Me recibe Carmen Franco Vega, así se llama esta mujer que rige los destinos de los algo más de setecientos vecinos de este bonito pueblo pacense. Lo primero que llama la atención nada más comenzar a hablar con ella, es su ligero acento andaluz; nació en un pueblo de Sevilla.  Esta mujer derrocha amabilidad, simpatía y una ilusión y unas ganas de trabajar por su pueblo de adopción, tremendas; al menos eso es lo que yo he podido captar en mi escasa pero intensa conversación con Carmen. En un capítulo de la novela, El Conde de Montecristo, Alejandro Dumas hace decir a uno de sus personajes, aquello de que en política no hay hombres, en este caso añado yo, mujeres, sino ideas, y tengo la sensación de que esta Alcaldesa tiene las ideas muy claras. Le gusta leer y se le nota una sensibilidad especial por las cosas sencillas. Yo le agradezco el trato recibido y ella está encantada de que yo esté por allí haciendo fotos de este pueblo con castillo y de sus calles. Y es que es un pueblo que merece la pena visitar. Hay que hacer turismo en nuestros pueblos extremeños del sur. Hay mucho por conocer en ellos, es algo nuestro.

  Salgo del consistorio y ando calle abajo, y me llama la atención una pequeña ermita: es la de  Santa Justa y Rufina. El retablo es coqueto pero llamativo, me gusta la luz que entra por una vidriera a la derecha del mismo.

  Llego a la plaza de España  y me paro ante un curioso monumento dedicado a todos los vecinos que tuvieron que emigrar, dejando su pueblo natal. Se trata de una maleta con una placa recordando a todos los emigrantes que dejaron Nogales. Unos versos de Antonio Machado ponen la nota poética de esta plaza:

 “Algunos lienzos del recuerdo tienen luz de jardín y soledad de campo, la placidez del sueño en el paisaje soñado”.

  Hago algunas fotos de la plaza mientras  unos vecinos mantienen una disertación filosófica sobre la muerte y la resurrección, tomado un chato de vino en el kiosco de la zona sur de la plaza. Dos mujeres hablan de sus cosas apoyadas en la baranda de la misma plaza, frente al comercio de golosina y regalos MICUKI y el bar restaurante EL PIPA, al lado de EL POLLO. Todo el pueblo rezuma tranquilidad, sosiego y futuro.  Yo me llevo buenas sensaciones mientras tomo el camino de salida. Hay que volver en otra ocasión. Esto y mucho más es Nogales, a los pies de la sierra de Monsalud.



 Desde el castillo.

 Vista parcial de la Iglesia de San Cristóbal y Nogales.

 Puerta de entrada al castillo.

 Desde el interior del castillo.

 En lo alto de la torre.

 Desde la torre.

 Placa donde se da fe de la fecha de construcción del castillo.

 Plaza de España.

 Monumento homenaje a los emigrantes de Nogales.

Retablo de la ermita de Santa Justa y Rufina,

domingo, 6 de noviembre de 2016

ARDILA: EL RÍO DESCONOCIDO. Un naturalista por los andurriales del río Ardila.



 “Contempló conmovido un largo instante el milagro del agua entre los riscos, secreto de blandura en corazón de roca”.  El río que nos lleva.   José Luis Sampredo


El río Ardila es el río extremeño más importante del suroeste de la provincia de Badajoz. Este río se encuentra regulado por pequeñas presas para riego como Brovales y Valuengo, nos dice Leandro García en su libro: “Los ríos extremeños. Introducción a su régimen”. 
  Tiene  este río una cuenca de 1.837 km cuadrados en la región, con una aportación media anual, en las proximidades de la frontera con Portugal, de 127´7Hm cúbicos, que pese a su regulación, le convierten en uno de los ríos más caudalosos de la región.

  Si buscamos información escrita sobre el nacimiento del río Ardila, encontraremos diferentes descripciones, según la época en la que fue escrita esa información.  En el año 1826. Sebastián Miñano, en su Dicionario Estadístico, publicado en Madrid, dice lo que sigue sobre este río:

"Ardila. Río de España, llamado más comúnmente Rivera en la provincia de Estremadura que nace en la sierra de Tentudia cerca del monasterio de este nombre y de Montemolin entre Cabeza la Vaca y Calera: pasa por entre Freienal y Jerez bañando los terminos de estos pueblos y el de Oliva y Valencita; en cuyas inmediaciones entra en la provincia de Alenteio y luego en el Guadiana á 1 leg. N. de Moura, recogiendo todas las aguas de las vertientes septentrionales de la sierra que separa la Andalucía de Estremadura. No tiene mas puentes que el que hay entre Freienal y Jerez ni mas barcas que la que esta sobre el camino de Moura á Miralleia. Empieza a ser considerable por el caudal de las aguas en la confluencia del Murtiga que le entra por la orilla izquierda 4 leguas O. de Jerez y viene de lo interior de la sierra, desde Jabujo, la Nava y Cumbres. Tiene diferentes vados tanto á la parte arriba como á la de abajo del referido puente: y en su orilla izquierda se ven considerables alturas con espesos pinares que se dilatan en toda su estension y tiene 2 leguas de N. á S. La derecha en el terreno comprendido desde el puerto de la Palomilla, hasta al de Valuengo, es llana, despejada y llega hasta 1 legua de Jerez".


En la obra de Manuel Henao y Muñoz de 1870, se lee lo siguiente:

“El Ardila tiene su origen en el Palancar, cerro que destaca de la elevada Sierra de tentudía, recorre los partidos de Fuente de Cantos, Fregenal de la Sierra y Jerez de los Caballeros, se enriquece con todas las vertientes de Sierra Morena por su izquierda y recibe por la derecha las de la Sierra de Burguillos, red hidrográfica completada por los riachuelos Bodión, Bodiocillo, Taconal, Valpuercas y Víar, sin aprovecharse sus aguas para otra cosa sino para mover unos cuantos molinos harineros”.

  En mis conversaciones con algunos vecinos de Cabeza la Vaca, término en el cual se dice que nace el río, efectivamente me hablan del Palancar, pero además me cuentan que hay una fuente llamada  la “Fuente de Ardila”, que según ellos es donde nace el río; uno de estos comunicadores me dice que además un poco más arriba de esta fuente, en la margen izquierda había otra fuente que también alimentaba el río, pero esa fuente fue destruida a principios de los años setenta del pasado siglo XX, cuando se llevaron a cabo las repoblaciones de pinos en la zona.
  La fuente actual de Ardila mencionada, no se seca nunca, según me dice uno de mis informantes, que pasa de los setenta años, y él, en todos esos años, nunca la conoció seca. Esta fuente está registrada en el catastro en el polígono 8, parcela 345. El lugar aparece denominado como La Sierra, dentro del término municipal de Calera de León, con estos datos y mis observaciones sobre el terreno, me atrevo a decir que el río nace realmente de los dos términos municipales, el de Cabeza la Vaca y el de Calera de León, pues las aguas no entienden de fronteras de ningún tipo y cualquier interpretación puede ser muy relativa. Las pendientes de estas sierras, a un lado y otro, tributan agua para que nazca el río, amén del agua que se vierte de la fuente antes mencionada.
 En la zona por la que me muevo, no sin dificultad, el paisaje lo componen castaños (Castanea sativa), un pequeño olivar (Olea europea), las repoblaciones de coníferas, como el pino piñonero ( Pinus pinea) y el pino negral o resinero ( Pinus pinaster), el roble melojo ( Quercus pirenaica), la encina ( Quercus rotundifolia) o el alcornoque ( Quercus suber).
  De las aguas sobrantes de la fuente de Ardila, se alimenta un pequeño huerto que según las diferentes épocas del año, cría pimientos, tomates y otras hortalizas.
  Estas aguas mantienen algunos nogales, cerezos y un laurel; una casa con un viejo moral y una era donde antaño se recogía y limpiaba el grano; aquí en otro tiempo se juntaba mucha gente, me dice mi interlocutor.
  Pero una vez que emprendemos camino río abajo, vamos encontrando al río, aun arroyuelo, encajonado entre muros de roca, donde se crían helechos, algunas higueras, nogales y hasta un naranjo. Pero un poco más abajo los chopos se muestran majestuosos entre la maraña impenetrable de zarzas y madreselva. El terreno es cada vez más abrupto y difícil para el caminante, la vegetación te destroza la ropa. Le recuerdo al lector que me muevo fuera de todo camino o sendero. En la margen izquierda se observa, comido por la vegetación un pequeño casuco, del que solo queda en pie un trozo de pared. Bajando vamos y el arroyo cae un par de metros por un muro de rocas formando una pequeña cascada. Las laderas, a un lado y otro, siguen cubiertas de quejigos, olivos, encinas y castaños. Los pinos de la repoblación cubren algunas zonas de la vertiente sureste. Escasamente se observa algún alcornoque. Una tejonera muestra signos de actividad reciente y un zorro sale al trote, tranquilo, un poco más abajo.
  En la margen izquierda una construcción llamativa de corralones y casa derruidos, sirvieron en otro tiempo para dar cobijo a los hombres y mujeres que se criaron aquí en estas pendientes. Esto me cuenta un paisano poco después más abajo, cuando le pregunto por estas ruinas, el hombre tiene ochenta años y sabe de lo que habla. Cuando me pregunta de dónde vengo, se extraña y se asombra un poco, al explicarle yo, por los andurriales que me he metido.
  El río se va surtiendo del agua que rezumen estas sierras y de los pequeños tributarios que van alimentando la corriente, aún sigue siendo un arroyuelo de poco más de dos metros de ancho y con agua que solo llega un poco más abajo de la rodilla. Los suelos, pizarrosos en las zonas más escarpadas, presentan desprendimientos, debido especialmente a la erosión propiciada por tránsito del ganado, que esquilma estas laderas: cochinos especialmente, en algunos puntos.
  La corriente de agua desaparece entre la maraña impenetrable de plantas, solo algunos pasos que abre el ganado, permiten cruzar, a gatas las más de las veces, de una orilla a otra. El árbol de ribera sigue siendo el chopo. En la orilla derecha observo un mesto de buen porte, presenta una inclinación hacia el oeste sobre el curso de agua. Mide unos diez o doce metros y un metro de perímetro en el tronco.
  Más abajo, por esta zona, terminan las plantaciones de pinos en la zona conocida como La Sierra en el término  municipal de Calera de León. y un poco más abajo tienen sus límites los quejigos, para dar paso al encinar, propiamente dicho. El arroyo de las Parreras tributa por la izquierda. El camino denominado Puerto lobo, atraviesa el río, para  cruzarlo hay un paso fabricado con tres grandes tubos de hormigón. En este punto hay en la margen derecha una pequeña casa y en la cancela de entrada pone un cartel de prohibido el paso. “Casa del pajar”.
 En la margen izquierda, llama la atención un gran chopo, su tronco es inmenso, calculo que harían falta tres o cuatro personas para rodearlo; no puedo medir su perímetro porque se encuentra rodeado de zarzas. A pocos metros hay un laurel, también grande.
  En la margen derecha a unos doscientos metros del río, hay otro mesto, muy alto, tanto que sobresale por encima de todas las encinas que hay en esta cerca denominada “Cerca Robles”, perteneciente a Cabeza la Vaca. Más abajo tributa aguas el Barranco de los Caballeros, que está en el término de Calera de León y justo donde desemboca y en la margen izquierda de Ardila, hay un gran nogal. Llaman la atención unas cañas que han nacido al lado del río, sin duda plantadas por  del hombre, pues esta planta aquí está fuera de lugar.
  En un pequeño y ligero meandro del río, hay otro nogal grande y un sauce que llama la atención por ser el único en estos lares, se trata de la especie Sarga negra (Salix atrocinerea), que florece antes de que le salgan las hojas. Es una especie dioica, tiene arboles machos y hembras, en este caso se trata de un pie macho.
  La vegetación de estas laderas, están compuestas de encinas, principalmente. La margen izquierda se adorna de retamas de flor amarilla y de jaguarzos. En el río aparece algún fresno muy ocasionalmente y algunos chopos también ocasionales.
 Una pequeña represa prácticamente perdida, hay que fijarse mucho para descubrirla, es la que servía para surtir de  agua al primer molino de este río Ardila, a través de una “alcabucera” que recorre al menos medio kilómetro por la margen derecha; está fabricada de piedra y cal y en algunos puntos ha sido excavada en la roca de pizarra. Una vez que llegaba el agua al molino era recogida en una especie de aljibe  y de ahí pasaba al cubo del molino, que aún se conserva, aunque comido por la vegetación. Del resto del molino solo queda algún muro en pie. Este se encuentra en el Poligono 6. Parcela 195. Esta zona es conocida como “Cerro Molino” y pertenece a la población de Calera de León. Según los datos catastrales.  
  Ahora el naturalista se va a tomar un descanso, pues ha llegado a su fin. El río Ardila, el último afluente, como ha sido denominado en alguna ocasión, no ha hecho más que nacer.

 Vista general del nacimiento del río Ardila. Sierras de Tentudía.

 Acceso a la fuente de Ardila.

 Fuente de Ardila.


 Primer plano de la fuente de Ardila.


 Panorámica desde los restos del primer molino del río Ardila.

 En primer plano, restos del cubo del molino harinero.


 El río baja tranquilo.


Mapa de situación.

sábado, 3 de septiembre de 2016

TARABILLA NORTEÑA ( Saxicola rubetra), EN EL SUR DE EXTREMADURA



La tarabilla norteña (Saxicola rubetra), es una especie que se considera abundante en paso postnupcial y rara en paso prenupcial, con tendencia decreciente y presencia invernal esporádica en Extremadura. (Mayordomo, S. , Prieta, J. y Cardalliaguet M. 2015. Aves de Extremadura, vol. 5. 2009-2014. SEO/BirdLife y Junta de Extremadura).
En el sur de la provincia de Badajoz, concretamente en Fregenal de la Sierra, vengo observando a esta especie desde la década de los años noventa del pasado siglo veinte, siempre en paso postnupcial, entre los meses de septiembre y octubre. Nunca la había observado en paso prenupcial.
El pasado 30 de abril de 2016, observé en los lugares de costumbre para la especie: zonas abiertas, a cuatro ejemplares, tres de ellos machos y un cuarto que no pude observar bien si era hembra o macho, que se alimentaban en dicha zona, utilizando la alambrada de espinos, como percha.
El día 1 de mayo, en la misma zona había un macho y una hembra.
El día 8 de mayo, a poco más de cuatro kilómetros en dirección NW de la zona anterior, observo un macho en la margen izquierda del río Ardila, también en Fregenal de la Sierra, posado en zonas visibles de la vegetación de la orilla del río.


Publicado en la revista Quercus, cuaderno 365. Julio 2016.
Texto y fotos:  Juan Carlos Delgado Expósito



viernes, 1 de julio de 2016

EL ZUMAQUE Y LAS TENERÍAS EN JEREZ DE LOS CABALLEROS. SIGLO XVIII



Jerez de los Caballeros y en primer término plantas de zumaque.


Aún hoy si entramos a Jerez de los Caballeros por la N-435, en la margen derecha podemos observar cómo crece de manera totalmente asilvestrada la planta del zumaque (Rhus coriaria), la palabra zumaque procede de la voz árabe summaq. Su nombre especifico coriaria deriva del latín corium que viene a significar cuero, piel, ya que su uso más antiguo ha sido como curtiente de pieles. El zumaque fue introducido por los árabes en la península ibérica. Los taninos contenidos en esta planta arbusto, hacían posible el curtido de las pieles, dándole  esa flexibilidad y resistencia al cuero. También se utilizaba para teñir.
En el Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura del año 1791, se puede leer que en Jerez de los Caballeros:

Las cosechas son trigo, centeno, cevada… y zumaque.

No podemos olvidarnos de las cosechas de zumaque que se recolectaban en el Valle de Matamoros y en el Valle de Santa Ana. Además de otras poblaciones como Feria, La Parra o La Morera por mencionar algunas.
En el trabajo de Beatriz Gordillo Moreno e Ismael Montero Fernández sobre Perspectiva de Jerez de los Caballeros en 1753 a través del Catastro del Marqués de la Ensenada se lee lo siguiente:

“El terreno se compone de viñas, olivares y algunos zumacales.
8 fanegas de zumacal y se pagaba 3 reales la fanega de zumaque.”

Había en la localidad seis maestros curtidores que cobraban seis reales por día.
En este trabajo se mencionan al menos seis tenerías:
Una en la Calle Nueva, cuyo propietario era un tal José López. Otra en la calle Pieles, cuyos propietarios eran Manuel Domínguez del Caño y D. Francisco Ramirez. Otra tenería en la calle Higuerita cuya propietaria era una menor llamada María Antonia Zambrano y cuyo tutor se llamaba Pedro Conde. Otra más en la calle de las Pieles de la que era propietario D. Juan Domínguez (Presbítero) también estaba situada ésta en la calle de las Pieles y por ultimo otra tenería en Fuente Nueva propiedad de Pedro Fernández Peña.
Aquí se menciona dos veces la calle de las Pieles, será la calle Piteles?.
En el Libro de Jerez de los Caballeros de Matías Ramón Martínez y Martínez publicado en Sevilla en 1892, podemos ver datos referidos al año 1728, que dice así:

“ no ai en esta ciudad fábrica alguna más que de una corta porción de corambre, así de Bacuno como de cabrío y lanar…” 

El corambre es el conjunto de pieles de diferentes animales.

Cuando escribe Ramón Martínez sobre sanidad pública vemos algo muy interesante:

“Había dentro del poblado tenerías, que ayudaban a la infección, pues ninguna medida sanitaria se dictaba contra los abusos de los curtidores”.

Tenemos que recordar que las tenerías producían muchos desechos, como pelos, trozos de carne, o grasa, así que podemos imaginar el insoportable hedor en aquellos momentos en esas zona de Jerez. Todo esto a pesar que el día primero de cada año, señala Ramón Martínez, se elegía dos veedores de curtiduría. Que supuestamente deberían de controlar las tenerías, pero que por alguna razón no deberían de hacer muy bien su trabajo, según las críticas del momento.
Y por último cuando Martínez escribe sobre el término de la ciudad, escribe lo siguiente:

“ arroyo el de las Tenerías que nace dentro de la población, en el barrio de los Mártires, recoge aguas sobrantes de las fuentes de los caballos, Higuerita y Nueva y después de regar las muchas huertas que hay en la extensa Vega de Santa Lucía y San Lázaro, tuerce hacia el sur y desagua  en Ardila”.

Y aquí comprobamos que como ya recogía el Marqués de la Ensenada, anteriormente efectivamente las tenerías están ubicadas en las calles más o menos cercanas del arroyo de las Tenerías donde desembocaban todas esas aguas que llevarían las inmundicias sobrantes del curtido de las pieles.




Zumaque asilvestrado

                                       Inflorescencia de zumaque
 
              Arroyo de las Tenerías, al fondo Jerez de los caballeros