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lunes, 8 de agosto de 2011

El verano en su apogeo

Ciertamente podemos decir que el verano de este 2011, en comparación con otros ya pasados, no está siendo especialmenbte caluroso; si bien el naturalista que se mueve por las dehesas extremeñas estos días del mes de agosto, sabe que los "sufrimientos" del observador son los mismos de cada verano: molestas semillas pegadas a los calcetines una vez que se sale del camino o la senda marcada, en el peor de los casos garrapatas que te suben por el pantalón, buscando partes más sabrosas para realizarte la "analítica" de sangre que tu médico no te ha recomendado. Ese sol dejandose caer, o más bien, tirándose a plomo sobre ti, sobre ese sombrero de paja que ya tiene menos paja que una alpaca en un cercado de vacas retintas hambrientas. Y el agua que llevas en la mochila, caliente como esa superficie de las rocas dónde se esconden esos preciosos escorpiones, que buscas para observar y fotografiar tranquilamente, con paciencia.
Pero al final, el naturalista, encuentra su premio, pues observas la dehesa, en este caso mixta de encinas y alcornoques; unos alcornoques a los que recientemente se les ha sacado el corcho y te muestran ése color llamativo que sólo los troncos de los alcornoques despojados de su piel, te pueden ofrecer, y entonces comprendes que merece la pena llevar los calcetines llenos de semillas molestas clavándose en tu piel, el agua caliente, el sol machacándote e incluso puedes dejar a las garrapatas que te quiten un poquito de sangre, porque también los alcornoques han perdido algo de su sangre y ahí están.

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